
El agujero se aprovecha de que Internet, como la conocemos hoy en día, todavía se apoya en estructuras y protocolos creados en los setenta, cuando funcionaba como una red interuniversitaria. Esto supone, por ejemplo, que cada nodo de la red es confiable y que nadie querría "tirarla" a propósito. Es decir que esa Internet que todos usamos y amamos está basada en una infraestructura que, en gran parte, no fue actualizada con el paso del tiempo. Esto permite abusar de protocolos que están en lugar para permitir que la red siga funcionando. Este ataque en particular abusa de un protocolo llamado BGP (Border Gateway Protocol), que es el mismo que determina la mejor manera de hacer llegar los paquetes de información de un lugar a otro.
El protocolo trata de determinar cuál es el camino más rápido, recibiendo los anuncios de los enrutadores BGP de la red. Estos anuncios contienen datos técnicos pero, básicamente, informan a qué direcciones IP "entrega" dicho enrutador y "cuánto tarda" en hacerlo. El problema es que si nos hacemos con el control de un enrutador importante (o tenemos espacio en un servidor grande) podemos anunciar un rango de direcciones IP a las que entregar los paquetes antes que nadie. En el medio, ese paquete puede ser modificado, incluso antes de que llegue a su destino. Dicho mensaje se propagaría por todo el mundo en una media hora y, a este punto, seguramente empezaríamos a recibir todo el tráfico que está dirigido a esas direcciones que anunciamos.